Tribus Urbanas en la Universidad
La Universidad es aquella institución donde se imparte educación de nivel superior, también se puede clasificar como la etapa culmen donde cualquier estudiante aspira a estar. Pero más allá de esta convencional función, la Universidad sirve como especie de congregación de jóvenes que en la mayoría de los casos sigue a una serie de tendencias o actitudes más a allá de lo establecido con el único afán de mostrar la identidad que han encontrado a través de años de incansable búsqueda.
Es así como se da origen a las famosas tribus urbanas: “organizaciones fugaces e inmediatas donde prima la proximidad, se comparten gustos y estandartes característicos.”
En las distintas universidades del mundo encontramos estos jóvenes que forman el colorido mosaico de culturas urbanas, y la Universidad no se escapa de ello y sirve de hábitat para albergar en sus instalaciones a toda una entidad perteneciente a un grupo mayoritario, o bien un ser único en su especie, que además de ligar sus preferencias musicales o gusto por la moda se guía por el contexto social que le rodea para expresar su estilo.
Más de alguna vez nos hemos sorprendido mientras hacemos la fila de la cafetería y aparece como por arte de magia, con una especie de enredadera sobre la cabeza que se define como rasta, un miembro de una cultura urbana donde el estilo de vida atiende a un amor inentendible por Jamaica, y a defender muchas causas perdidas, aunque su forma de pensamiento no les permita pasar de lo planteado a la acción. Sandalias, barba o piercings y millones de artilugios son elementos clave de un típico rasta, y tal como muchos imaginan la mayoría proviene del área de la carrera de diseño grafico. Otro miembro de este hábitat puede llegar a ser el no menos peculiar rockero, cuyo emblema son las playeras con logotipos de bandas de rock pesado y el infaltable color negro en la indumentaria. El aspecto desprolijo a la vestimenta y accesorios de ambos es debido a la negación de dejarse doblegar por las seducciones de las grandes corporaciones y el capitalismo, por lo que podría deducirse que atienden a la política izquierdista por el ánimo de sublevación que estas provocan hacia un ente maligno llamado imperio.
Si las llamadas “niñas fresas” (reconocidas por su forma de vestir y su peculiar dialecto) existen, los hombres no se quedan atrás; lo que da paso a otra entidad que podría ser parte del movimiento flogger que tiene mayor auge en Suramérica, y que se caracteriza por la necesidad de visibilidad pública, fama, popularidad, el formar parte de un grupo, la amistad virtual y el gusto por el consumo. Este derivado aparece en su máximo esplendor vistiendo pantalones de colores estridentes y camisas con imágenes naif, rodeado de jovencitas mientras luce de manera publica todo lo contrario al rasta. La corriente del rap y el hip hop también tiene su lugar, ésta se manifiesta en aquellos jóvenes cuya talla de ropa es mayor y desproporcional a su cuerpo, y lucen orgullosos accesorios brillantes y lujosos. Quienes atienden a estas culturas están estigmatizados como jóvenes que tienen mucho dinero y provenientes familias pudientes, aunque muchas veces es todo lo contrario.
La frase "¡mira ese emo!" la hemos escuchado por casualidad en los pasillos cuando los muchachos de ingeniería murmullan con tonos burlescos ante aquel ser perteneciente al extraño fenómeno que creció y se agudizó a mediados de 2008 y 2009, nos damos cuenta entonces que llevaba un flequillo que cubre algún ojo, una camisa y pantalones negros ajustadísimos, y uno se imagina la odisea que pasó en la mañana para hacerlo entrar.
Paradójicamente están asociados con la tristeza y la melancolía inexistentes ya que la mayoría de ellos tienen una familia económicamente estable, y una computadora para editar las fotografías que subirán a las redes sociales.
Si bien son muchos los que se proclaman parte de estas culturas, ya sea por su forma de vestir o de pensamiento, existen otros muchos que no se dejan llevar por la moda y la corriente y simplemente pululan por la Universidad por el placer de estudiar y el sueño de superación. Y es que todos los jóvenes son distintos, ante la multitud de culturas urbanas existentes, el joven de hoy está en la constante búsqueda del estilo que se adecúe a su forma de pensar y expresarla se vuelve una necesidad, pese a que su discurso de libertad implica caer en la cruel dictadura de la imagen, por que más allá del look todos están en la misma parada.
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